sábado, 5 de junio de 2010

Linaje, abolengo y mancha de plátano


En un lugar de Málaga, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía…

La verdad sea dicha, sí hace mucho, mucho tiempo que vivió una cabra por aquellos lares, de raza malagueña pura. Cuentan unos que se paseaba entre el Río Campanillas y el Barranco del Sol, pasando por Almogía. En verdad os digo que debía ser prodigiosa para recorrer tales distancias en un solo día. Otros añaden, sin contradecir lo ya escrito, que no se pueden contar las generaciones anteriores a ella que han vivido en esas tierras.

Vamos, que nuestra ilustre Pepa y Málaga son una, aunque haya nacido en Puerto Rico. Y para quien ose insertar un atisbo de duda acerca de su linaje, aquí les presenta una prueba. ¿En quién creen que se inspiró aquel socarrón ventero cuando decidió burlarse del ilustre caballero y seguirle el humor? Pues en un antepasado de Pepa: “…y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo, buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga…”

Gusta contar Pepa que por los alrededores de la venta quienes paseaban a su antojo eran cabras. Que justamente cuanto el ventero miró a una de ellas se le ocurrió toda la broma. Hallen ustedes la conexión. Yo solo me limito a transcribir. Llegado a este punto, tímidamente susurré: ̶ lo encuentro confuso, ¿la Mancha y Málaga son vecinas? La respuesta es impublicable, pero según la cabra, tal es su abolengo.

Ahí no se detiene. Cuando se presentó la oportunidad de explorar “nuevas tierras” no hubo espacio para la indecisión o el arrepentimiento. Aunque el propio Colón hubiera querido bajarla del barco, ya una abuela, de la abuela, de la abuela, de la abuela de Pepa estaba montada. Cierto que su amor por Málaga era incalculable; tanto como su sed de aventura. Valerosas y decididas las cabras de la familia de Pepa, sin duda.

Gusta de imaginar -en este detalle no tiene “certeza”- que cuando llegó el barco a las costas Borinqueñas ya esa primera cabra Malagueña traía vida en su vientre. Algunas generaciones después, sin haber sido fiel a la raza, nacía la primera criolla Puertoriqueñis Satis. Una de esas es Pepa. Pura puertorriqueña, pero con el amor por España más fuerte que ella.

Una de mis hermanas quiso saber porqué a todas las cabras del mundo (bueno, las de su mundo en un campo de Puerto Rico) las nombraban PEPA. Mi madre fue solemne en su afirmación –porque ese era el nombre de la primera mujer a la que le pusieron los cuernos.

Satisfecha con la respuesta la niña se fue a jugar y Pepa en el patio se sacudía de espanto por la respuesta. Ya no hubo remedio… ese día el linaje y abolengo de Pepa quedó bañado con mancha de plátano puertorriqueña.

1 comentario:

  1. tan es así, que todas tenemos una PEPA por dentro o por fuera, bueno que hemos sido la PEPA alguna vez

    ResponderEliminar