martes, 24 de abril de 2012

De operaciones y otras changuerías…

Tuve mucho que mascar, digo que dictar, pero la que “vive del cuento” en las últimas semanas vivió de operación en operación. Y no estética, que pensándolo bien… una estiradita de nariz no le viene mal a nadie. Primero, otra operación en la boca; de las que duelen y asustan mucho. Pero de esas ha tenido tantas, que mejor ni hablar. La interesante fue la otra. Déjenme que les cuento:
Saltemos los pormenores de las anécdotas pre operatorio. Llega el día de la cirugía, seis de la mañana, ya saben: ayuno, susto, impaciencia. La escritora (ingenua) pensó que como la herida sería en la parte alta de espalda, pues, este… se puso unos pantys lindos, sexy, nuevos. JA, JA, JA. La instrucción fue contundente:
 ̶ ¡Te lo quitas todo!  ̶  ordenó la enfermera (chiquita y flaca, pero en la mente de la escritora la mujer media 6’7” y pesaba 356 libras).
 ̶ ¿Hasta los pantys? ¿Pero por qué si la herida es acá arriba?   ̶  Se quejó la escritora mientras señalaba un punto perdido en su espalda.
No valió de nada, se fue todo en una bolsa plástica transparente. Temblaba de frio (y miedo), así que la enfermera ENORME y ROBUSTA (chiquita y flaca) salió de sala de operaciones, fue a la sala de espera y le buscó la sabana que tuvo a bien llevarle la hermana de la escritora. La arropó con prisa, pero con ternura.
Pasaron unos 20 minutos y vuelve la escritora:
 ̶ Permiso
 ̶ ¿Qué?
 ̶ Yo estoy en proceso de hacerme el implante de un diente. ¿Me tengo que quitar el diente postizo?
 ̶ ¡Si, todo!
¡HORROR! Ni modo… Allá fue la enfermera a buscar la cajita azul a la sala de espera. Cuando la escritora se la devolvió (ya con el diente de la dignidad adentro), lo hizo con una encomienda:
 ̶ ¡Dile a mi hermana que cuide esto con su vida!
Veinte minutos mas tarde…
 ̶ Permiso
 ̶ ¿Qué?
 ̶ ¿Y cómo ustedes me garantizan que después que me duerman recordarán quien soy y lo que me van a hacer? ¿Y si se confunden y me sacan a mi la vesícula y se dan cuenta del error cuando le busquen a ella un lipoma en la espalda?
 La vecina de camilla explotó en carcajadas. Media hora más tarde todo era alegría entre el personal, el cirujano había llegado temprano (a las nueve) comenzarían en breve las cirugías. Y vuelve la escritora…
 ̶ Permiso
 ̶ ¿Qué?
 ̶ A mi los nervios me dan con orinar, necesito ir al baño.
No voy a especular lo que pensó la enfermera ni la cara que puso, pueden imaginárselo. Allá va la mujer a bajar a la escritora con todo el enjambre de suero, rumbo al baño… La verdad es que la escritora me contó que se portaron muy bien. Justo antes de irse a navegar en las nubes anestésicas alcanzó a murmurar:
 ̶ Soy Haydée, la operación es en la espada.
Sobra decir que apenas abrió un ojo y la anestesia le permitió hablar pidió la cajita azul…
 ¿Que aprendió la escritora de esta experiencia? Que no importa lo pequeño del procedimiento las salas de cirugía asustan e intimidan; no se debe tomar té verde luego de la operación, pues te hacen vomitar como fuente de plaza pública y, sobre todo, no te preocupes por los pantys, así te vayan a operar una oreja, ¡no te salvará nadie de estar con las nalgas al aire!
©Haydée Zayas

7 comentarios:

  1. Que buen relato de una situacion humillante y pavorosa! Tocas lo que mas tenemos en comun: ser-humanos.

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    1. Escribir es mi manera de sacudirme la experiencia. Ademas, hay que reírse hasta de uno mismo!

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  2. Y yo que me pensaba operar de un granito en la nariz... y a mí los nervios me vuelven impredecible...

    Salud!

    Isaac

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    1. Ay Isaac, mejor no... no vaya a ser que...
      Me hiciste reír. Gracias por tu fidelidad a PEPA!!

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  3. PEPA es magnífica cuando describe situaciones difíciles. Y Haydée sabe que ese día estábamos todas con ella, mandando las mejores ondas a esa fría sala bajo las órdenes de la imponente enfermera.
    Isabel

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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