domingo, 17 de abril de 2011

EMPELUSCAR

Verbo regular que se conjuga como sigue:

Yo me EMPELUSCO, Tú te EMPELUSCAS, Nosotros nos EMPELUSCAMOS (ummmm), Usted se EMPELUSCA, Él / Ella / ELLOS se EMPELUSCAN. ¿Captaron la idea?
Así anduve por la vida… EMPELUSCÁNDOME a cada rato, hasta que el Cabrito Pinto, se le ocurrió preguntarme, con cierta timidez, ¿qué significa EMPELUSCAR? Pues que se te pongan los pelos de punta, respondí entre sorprendida (por su ignorancia) y cautelosa. Seguí mascando yerba como si nada, pero a la primera oportunidad me fui directito a la escritora y le pedí el favor de entrar a la página de la R.A.E. (Real Academia Española) y hacer la consulta.
Casi no doy crédito a mis oídos cuando esa muchachita (la escritora) dijo ̶ PEPA, esa palabra no existe. Es un disparate.
¿Cómo es posible que yo haya pasado la vida EMPELUSCÁNDOME y nadie me haya cuestionado antes? O se reían a mis espaldas o nadie prestaba atención a lo que decía. ¡No sé que es peor!
Acto seguido he comenzado un sondeo, nada científico, pero muy entretenido. Les adelanto que pocas veces en la vida me he dado con una situación a extremos, me explico: NADIE ha dicho que cree haber escuchado la palabra, que le suena pero no está seguro/a, que recuerda a su abuela diciéndola. NADIE. A la pregunta de: ¿sabes lo que es EMPELUSCARSE? los encuestados responden con un ¡Pues claro! O por el contrario, me restriegan en la cara –sin piedad- ¿Qué rayos es eso?
Para beneficio de los curiosos y de los que todavía no paran de reírse por mi EMPELUSCAMIENTO con esta palabrita, siguen unos ejemplos que definirán el concepto.
Paloma Bravo (Sol Beramendi), Blog: La novia de papá
“Yo sé cómo empieza el amor para mí, no en general. Y, sí, puede ser antes o después del sexo; puede ser la primera vez que veo a un hombre o años después de conocerlo. Empieza cuando una mirada, un tono de voz, un roce o una palabra me ponen la piel de gallina (me EMPELUSCO) y necesito tocar otra piel.”
Amalia Torres, Periódico: El Mercurio Síntomas de amor
Cuando se trata de un beso con una pareja compatible, la persona lo experimenta físicamente: “Las mejillas se sonrojan, se acelera el pulso, la respiración puede volverse irregular y se dilatan las pupilas, (la pareja se EMPELUSCA) lo que puede explicar por qué tantas personas cierran los ojos”, dice la investigadora Sheril Kirshenbaum.
PEPA, Blog: Crónicas de PEPA
Hay también EMPELUSCAMIENTO por repugnancia, como por ejemplo: que te obliguen a comer galletas RITZ untadas con hígado molido y pedacitos de morcilla o ver las fotos del primer ministro italiano, Berlusconi, en pelotas, según fueran publicadas por El País (todavía me EMPELUSO de recordar esas imágenes).
El frío EMPELUSCA, que se apague el calentador y te caiga el chorro de agua fría en el lomo (a las cabras) EMPELUSCA. Las historias de fantasmas EMPELUSCAN. Pero de todos, el mejor EMPELUSCAMIENTO son los besos en la nuca.
Ahora que lo pienso, si la escritora sabe tanto, ¿cómo es que necesitó consultar a la R.A.E. para verificar si EMPELUSCAR era una palabra correcta? ¿Será que ella también se EMPELUSCA?

domingo, 6 de marzo de 2011

¿Qué es felicidad?

He descubierto la psicología positiva. Que está dando bandazos por ahí desde hace tiempo… pues eso dicen, pero como yo me enteré ahora. Es lo mismo que América, estaba aquí, llena de gente y cultura, pero… Sin desviarte del tema, PEPA (solita me pongo carácter).
Los “expertos” en psicología positiva estudian qué hace a la gente feliz. ¡Ya era hora, coño! Entonces, me dije ̶ PEPA, ¿y qué rayos es felicidad? Según el diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe: felicidad - F. Estado de ánimo del que disfruta de lo que desea. O sea, ¿que si no tengo lo que deseo, cuando lo deseo, no podre ser feliz? Pues a decir verdad no siempre tengo al lado al Cabrito Pinto cuando lo deseo y por eso no me siento infeliz. Tal vez momentáneamente frustrada, pero no infeliz.
La Real Academia Española (www.rae.es) lo define como:
Felicidad (Del lat. felicĭtas, -ātis).
1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo
3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad
¿De verdad que para ser feliz hay que “tener algo”? Casa, carro, ropa, computadora, yerba, jardin. Esto es más complicado (y subjetivo) de lo que pensaba. ¿Habrá algún deambulante que es feliz con solo la ropa que tiene puesta y con despertar y darse cuenta de que sigue vivo?
Hasta hay un diccionario de la felicidad (Diccionario de la felicidad, de la A a la Z, Beatriz Vera Poseck, Edit Integral). ¿Qué? ¿Cómo? Si necesitamos buscar en un diccionario para saber si somos felices estamos bien jodidos…
El sitio Wikipedia pone: La felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena. Tal estado propicia paz interior, un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que estimula a conquistar nuevas metas. Es definida como una condición interna de satisfacción y alegría. Controversial también. ¿Lo que es bueno para mí, será bueno para el prójimo? Para mí sería bueno que el vecino dejara su finca perdida y que solo el Cabrito Pinto y yo supiéramos donde está el hueco en la verja para pasarnos a allá. Dedicarnos a retozar y comer hasta el cansancio y la hartera.
De esa definición la parte que más me cuadra es lo de “condición interna de satisfacción y alegría”. Tal vez ande con un ataque de terquedad en estos días o realmente definir felicidad es difícil, subjetivo, atravesa’o y complicado.
Así que, seré fiel a mi filosofía de que NO HAY QUE ENTENDERLO TODO. Analizando demasiado se pierde tiempo que prefiero invertir en VIVIR. Concluyo que: por lo menos yo sé que la felicidad son momentos, no un estado permanente. Que las cosas más sencillas son las que muchas veces me hacen inmensamente feliz. Que a veces es la obtención de algo y a veces es estar satisfecha conmigo, tener un momento espiritual con mis Ángeles o comer yerba al lado del Cabrito Pinto. Contar con mis cabrotas amigas, entre ellas M.I. (Mi Iluminada) me hace feliz. Aprender y crecer espiritualmente, como hembra y como cabra me hace feliz. Pero sobre todo, tener la certeza de que aún me quedan por descubrir personas, situaciones, relaciones, eventos, tareas, diversiones y más, mucho más… me hace MUY FELIZ.

miércoles, 9 de febrero de 2011

M. I.

¡A la verdad que nunca es tarde si la dicha es Buena! No importa los años lleve brincando en esta finca, siempre se aprende algo nuevo. Conceptos mil (que digo mil, millones) de veces escuchados, pero un buen día, como que te dan un marronazo en la cabeza y ahí es que de verdad te entran. Algo se le sacude a uno adentro. El asunto es que a veces uno conoce la teoría, pero eso no garantiza que haya integrado ese conocimiento en cada gen de la autoestima. Lo sorprendente es que es filosofía de la rayada, metafísica de a chavo, sabiduría de la vieja… hellooooo
¿Qué de que centella estoy hablando? Pues del cabrito pinto, que me traía de cabeza. Mascando yerba y lloriqueando por las esquinas. Sufriendo, angustiada, pensando mil musarañas, celando, esperando, que si somos o si no somos, que si estamos o si no estamos.
Se acabó, finito, terminó, no más. No lo he dejado de querer, solo que ahora me quiero más yo. Y si no está definido lo que tenemos, quiere decir que cada uno tiene la libertad de fijar los ojos en otro, ¿cierto?
Si él cree que tiene los cuernos tan bien puestos como para estar con esta cabra, de abolengo, fina, inteligente, guapa y buena hembra, que siga ahí, si no, que siga su camino. Lo que no se vale es la ambigüedad, lo que no se vale es que no coma ni deje comer. Ese es el perro del hortelano y yo no quiero en mi vida un perro, lo que me gusta son los cabros.
Brincoteando anoche con una cabra amiga me mascó algunos errores sin anestesia, pero con mucho amor y me dio la siguiente lista, corta, pero concisa:
1. Esta muy bien querer con pasión y con ganas, pero NO a nadie más que a ti misma.
2. No hagas nada (ni acción ni actitud) que si te la hacen a ti le perderías el respeto a ese/esa cabra.
3. Más abajo SIEMPRE vive gente. Siempre hay otras alternativas.
Esta cabra amiga pasó por una etapa similar (pendejismo crónico) hace unos años atrás. Su mentora fue una cabrita que ya se ha ido al cielo, pero que desde arriba, sigue bañándola (y a mi) con sabiduría. ¡Esa es la belleza de las amigas! Algunos cabros de la finca, por ser la cabrota que es, la llaman M. I. – Mala Influencia. ¡Claaaaaro! Si les espabila a sus parejitas. A ella eso la tiene sin cuidado, sigue por la vida mascando yerba con calma, observando, riéndose, amando, viviendo. Gritando ¡que vivan los cabros pintos y los blancos y los negros! Y ahora yo le hago coro.
Para mi M. I. no es Mala Influencia, es Mi Iluminada.

domingo, 16 de enero de 2011

Habrá que darle tiempo (¿cuánto?) al tiempo

Esa muchacha, la que escribe, yo creo que está enamorá. Ya sé, lo correcto es enamorada, pero ando irreverente y ella se ha tirado de cabeza… Bueno, yo no lo creo, lo sé. Mi preocupación no es el enamoramiento, ni las mariposas en el estomago, ni las conversaciones al teléfono a medianoche, ni las juergas hasta el otro día. ¿Sabrá ella con quien se está metiendo?
Seamos justos, nadie sabe con quién se mete. No se sabe ni de uno mismo. La vida se encarga de enseñarnos eso. Los sube y baja de pasiones, problemas, malos entendidos, el nebuleo, momentos sublimes, amorosos, solidarios y la cotidianidad, que también a algunos les pesa.
A veces estoy segura de que encontró a la orna de su zapato, a su complemento, a su socio en la vida… y otras tengo mis dudas. Porque todavía no tengo claro si ella es eso también para él. Sigue haciendo falta dos para bailar tango… o salsa, o lo que sea. El asunto es que prefiero no preguntarle a él. Ni siquiera sé si habla con cabras, o si ya sabe su respuesta. Prefiero darle la oportunidad de que demuestre, que revele día a día lo que sienta y lo que está dispuesto a hacer. Para mí lo que cuenta es lo que se hace, no lo que se dice. Hay tanta gente por ahí que dice una cosa y actúa conforme a otra muy diferente. Los humanos son así.
Quererse es un compromiso, independiente del título de la relación. Un compromiso con la honestidad y la lealtad. O si no, ¿cómo se le puede dar realmente la oportunidad, a la persona y a la relación?
Esta muchacha cuando dice tomarse un riesgo se lo toma en grande. Lo he visto otras veces, no necesariamente con cabritos, digo con hombres. Habrá que darle tiempo (¿cuánto?) al tiempo, a ver qué pasa. Tendré que monitorearla.
Esto nos ha pasado a muchos (hasta a mí con el cabrito pinto), así es que si alguien puede disparar un consejo que de verdad sirva… ¡que por favor me escriba!

martes, 7 de diciembre de 2010

¡Qué gran poder mental!

Imagínense la escena: Hace rato que le habían llevado la escalera, pero se cayó cuando se dio cuenta de que se mantenía en el aire solamente agarradito de la brocha. ¡Qué gran poder mental!

Cuando la muchachita que escribe me viene con esas parábolas, cuentos, comparaciones o como decimos en mi campo: embelecos… trae cola la metáfora. Y como siempre, logró lo que quería, dejarme pensando. Mientras mascaba yerba y chequeaba al cabrito pinto que trajeron a la finca, me preguntaba:

¿Cuántas veces no les ha sucedido lo mismo? Siguen “contando” con una relación que no existe, que no funciona, que se había deshecho mucho antes de haberse acabado. Y aun acabada, necesitan la ilusión de que continúa ahí, como bola de humo tóxica, pues no es más que eso. ¿Tan sola se siente la raza humana que prefiere la ilusión de tener al lado a alguien que le hace daño a la idea de estar sin pareja? Nadie está exento de eso, lo he visto muchas veces. No tiene que ver con género, ingresos o inteligencia.

¿Cuál es la conexión? ¿A qué hilo se le amarran a la gente esas cosas, que les resulta tan difícil cortarlas? ¿Dependencia emocional? ¿Necesidad de creer que le importan a alguien? Otra vez, ¿de qué no están solos? Y lo peor es que le echan la culpa al corazón. Las emociones están en la mente y es ahí donde hay que sanarlas. Ni reprimirlas ni controlarlas, manejarlas.

Ummm, se me ocurre semejante dinámica desde otro ángulo: es lo mismo que sucede cada cuatro años en las elecciones, están tan dispuestos a creerse la ilusión de que alguien cuida por sus derechos, por su bienestar, por su futuro, que votan por cada inepto, bruto, bailarín/a exótico/a, brujo, déspota o drogadicto. ¿Y saben qué sucede en la siguiente elección? ¡Pues los re eligen! Es la misma relación de dependencia.

Volviendo a la “escalera” de relaciones dañinas y a la “brocha” de querer seguir creyendo en ellas… son muchas las preguntas y tan pocas las respuestas. Hasta el día que te saturas, que lo vomitas o que te enamoras otra vez. Pero mientras el tiempo hace su trabajo y sanas porque te hartas o llega ese nuevo amor, es importante un detalle: no hay que entenderlo todo, no hay que identificar el cable que te mantiene conectado/a a una relación malsana y destructiva. Basta con no contestar el teléfono, con no responder los correos, con no acudir a la cita.

domingo, 3 de octubre de 2010

No es lo mismo…

Andaba yo balando entre dientes, indecisa sobre qué dictarle a la escritora. Tanto vacilé que se me fue septiembre y no posteé nada. Es que no es lo mismo moverse que ir hacia algún lado. Sabia forma de expresarlo tuvo una amiga querida y excelente escritora: “No paro todo el día, pero no estoy creando, ni cuentos ni vida”. Gracias Gloria.
Recordé algo que escribió hace tiempo la muchachita esta y que no se atrevería a llamar poesía, para que los poetas no se ofendan (yo, PEPA, siempre he pensado que el secreto para ser poeta es decir las cosas de forma que nadie las entienda). Bueno, sin buscar más bulla, aquí les dejo….

Confusión
© Haydée Zayas-Ramos

Es tan fácil confundir
El pensar con no hacer nada
El callar con no tener que decir
El reír con la alegría
El dormir con descansar
Se confunde a cada rato
El silencio con orar
Ir a la iglesia con la fe
La ayuda con manipulación
Quedarse con estar estancado
La depresión con la paz
Nunca debes confundir
El no poder hacer más
Con la indiferencia o la desidia
La bondad con la bobada
La generosidad con las sobras
La beldad con la verdad
Que a veces la beldad
Por dentro es fea
Y la verdad, en ocasiones, duele
Es grotesca y burlona
Aunque al final siempre es bonita.
Es tan fácil confundir
El decir la última palabra
Con tener la razón
El ceder con ser tonto
El asentir con estar de acuerdo.
Al final, hasta la confusión
Es tan confusa.
¿Cómo separar la realidad
de la fantasía?
Lo correcto de lo indebido
La ayuda de la indiscreción.
Cuando descubras la respuesta
Dila, grítala, escríbela, cántala
No te la guardes por indiferente
Pensando que a nadie le importa
No cometas el error de confundir
La inseguridad con la apatía.

domingo, 29 de agosto de 2010

Feminista "light "

Estaba la escritora leyéndole un cuento a su sobrina de 8 años, La princesa vestida con una bolsa de papel, de Robert Munsch (Robertito para nosotros). Según lo que recuerdo, el cuento más o menos iba así: la princesa andaba riéndose sola y suspirando por un príncipe y se iban a casar. Pero vino un dragón, de esos de aliento tan apestoso que botan fuego y le quemó el castillo, los hermosos vestidos y se llevó a su príncipe. Elizabeth, así se llamaba la princesa, solo encontró una bolsa de papel para cubrirse y con ese atuendo se fue tras el dragón. Sobra decir que con su astucia e inteligencia cansó al dragón, tanto, que se quedó dormido y ella pudo rescatar a su príncipe.
Hasta aquí la historia ya me gustaba. Una chica decidida, que luego de los cinco minutos que uno siempre debe darse para llorar, tomó acción.
Ah, pero cuál no sería la sorpresa de Elizabeth cuando el príncipe en vez de recibirla con agradecimiento, le cuestiona que ande en esa facha y con la cara sucia.
En este punto yo pensé: ¡pero qué príncipe mas cabrón!
Sentí un alivio inmenso cuando la sobrinita preguntó: ̶ ¿Ella lo mandó al caramba, verdad?
Comencé a brincar y a correr por todo el patio. ¡Hay esperanza, hay esperanza! Sentí como se me hincharon los cuernos de orgullo y tranquilidad.
Coincide la lectura de La princesa vestida con una bolsa de papel con la de Caperucita y el lobo machista, escrita por Arturo Pérez Reverte (www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/538/caperucita-y-el-lobo-machista/). En esta historia caperucita (aquí la adapto al vocabulario puertorriqueño) vive de los cupones y el desempleo, es inmigrante ilegal, lleva uñas postizas, el sobrepeso en la cintura y es madre soltera. Se dirige a casa de la abuelita, que vive sola desde que el abuelito le dio una pela de madre a Caperucita, por malcriá y bocona y Caperucita lo denunció por maltrato infantil. Ahora el abuelito está preso y sufre las consecuencias de doblarse a coger el jabón del piso cada dos por tres. Bueno, iba Caperucita por el bosque a ver a la abuelita y se encuentra con el lobo (un lobo chuchin, con trencitas, mucho bling bling y flow), y él quiere saber a dónde va y ella le responde ̶ a donde me da la puñetera gana. ̶ El lobo se enoja y en venganza, luego de una intolerable violencia de género, se come a la abuela y luego a Caperucita, pero ya saben, llega una pareja de cazador y cazadora y él, siempre tan agresivo, quiere matarlo, pero ella no lo deja, por ser un animal en peligro de extinción.
Bueno, esto me sirvió para descubrir algo de mí (¡a esta tierna edad!): soy feminista “light”. O sea, que si la situación lo amerita, debemos asumir posturas o tomar acciones extremas, PERO esto no debe ser una posición inflexible.
¿Qué hacer si tu pareja te trata como basura? Pues dejarlo, por supuesto (más abajo vive gente…). Pero tampoco se trata –digo yo- de sumirse en una postura tan radical y opuesta a la boba-de-la-película que pierdas de perspectiva las cosas lindas de ser hembra.
Que si yo me pusiera ropa y pudiera andar por ahí, me iba a Marshalls con Jacinta Marín (www.losimeilsdejacinta.com/), me compraba unos buenos mahones y una blusa pegadita y me unía a su Guerrilla Agrícola.