jueves, 31 de mayo de 2012

Tres cabras, un Sabio y un Idiota


“Una vieja historia rusa habla de un campesino acosado por las dificultades y con muchos hijos a su cargo...Tras repetidas sequías y prácticamente sin ningún medio económico para salir adelante, pensó seriamente en quitarse la vida...
 
̶  ¡La vida es insoportable, no merece la pena vivirla, es insufrible!   ̶  le contó al sabio de la montaña.
  
̶  Cómprate una cabra y llévala a vivir a tu casa. Hazlo como te digo y ven a verme la próxima semana    ̶   le aconsejó el sabio.
Y al cabo de siete días, el campesino volvió:
   
̶  Ahora me va aún peor. La vida es más insoportable que antes. No me es posible vivir con una cabra.
   
̶  Cómprate entonces una segunda cabra    ̶  le dijo el sabio   ̶  Ten las dos en casa y ven a verme en una semana.
Y al cabo de aquella semana:
  
̶  Voy de mal en peor. Estoy más angustiado y más resentido que nunca. El ambiente se ha hecho irrespirable con las dos cabras. ¿Qué puedo hacer?
  
̶  Mete en tu propia casa una tercera cabra   ̶  le respondió el sabio    ̶  y ven a verme la semana que viene.
Y transcurrido ese tiempo el hombre volvió:
  
̶  Estoy desesperado. Esto no puede continuar así.
  
̶  Vende entonces una de las tres cabras   ̶  le dijo el sabio   ̶  y pasa a verme la próxima semana.
Y una semana después:
  
̶  Estamos mejor...Al menos un poco más aliviados.
  
̶  Sigue vendiendo   ̶  le aconsejó el sabio   ̶  De las dos cabras que te quedan, vende una y quédate sólo con la otra.
Y a la semana siguiente:
  
̶  Se lleva mejor vivir con una sola cabra   ̶  le comentó.
  
̶  Entonces véndela y vuelve en siete días   ̶  le respondió.
Y al cabo de siete días:
  
̶  ¡Qué felicidad y qué tranquilidad se respira en casa! Qué maravilla estar sin cabras. Qué gusto. Esto es vida.
Verdaderamente la vida es preciosa   
̶  concluye la historia   ̶  y no hay por qué hacer seis viajes a la montaña para darnos cuenta al final de que ya teníamos lo necesario, lo que tanto anhelábamos.”

ACLARA PEPA: que lo de Idiota no se refiere al protagonista de esta historia tan profunda y llena de enseñanza. Se refiere al “individuo” que, según reportado en Noticel, Sección “la calle” (http://www.noticel.com/seccion/4/la-calle), fue arrestado por sacar a pasear tres cabras, APARENTEMENTE, sin pedirle permiso al dueño de las mismas.    

Re-escribió la historia:

Tenía libertad; me quejaba, no soportaba la vida y era infeliz.  Saqué a pasear a tres cabras.  Me arrestaron y apresaron.  Ahora valoro la libertad que perdí; me quejo, no soporto la vida y sigo infeliz…  


¿CUÁL ES LA MORALEJA AHORA?

martes, 24 de abril de 2012

De operaciones y otras changuerías…

Tuve mucho que mascar, digo que dictar, pero la que “vive del cuento” en las últimas semanas vivió de operación en operación. Y no estética, que pensándolo bien… una estiradita de nariz no le viene mal a nadie. Primero, otra operación en la boca; de las que duelen y asustan mucho. Pero de esas ha tenido tantas, que mejor ni hablar. La interesante fue la otra. Déjenme que les cuento:
Saltemos los pormenores de las anécdotas pre operatorio. Llega el día de la cirugía, seis de la mañana, ya saben: ayuno, susto, impaciencia. La escritora (ingenua) pensó que como la herida sería en la parte alta de espalda, pues, este… se puso unos pantys lindos, sexy, nuevos. JA, JA, JA. La instrucción fue contundente:
 ̶ ¡Te lo quitas todo!  ̶  ordenó la enfermera (chiquita y flaca, pero en la mente de la escritora la mujer media 6’7” y pesaba 356 libras).
 ̶ ¿Hasta los pantys? ¿Pero por qué si la herida es acá arriba?   ̶  Se quejó la escritora mientras señalaba un punto perdido en su espalda.
No valió de nada, se fue todo en una bolsa plástica transparente. Temblaba de frio (y miedo), así que la enfermera ENORME y ROBUSTA (chiquita y flaca) salió de sala de operaciones, fue a la sala de espera y le buscó la sabana que tuvo a bien llevarle la hermana de la escritora. La arropó con prisa, pero con ternura.
Pasaron unos 20 minutos y vuelve la escritora:
 ̶ Permiso
 ̶ ¿Qué?
 ̶ Yo estoy en proceso de hacerme el implante de un diente. ¿Me tengo que quitar el diente postizo?
 ̶ ¡Si, todo!
¡HORROR! Ni modo… Allá fue la enfermera a buscar la cajita azul a la sala de espera. Cuando la escritora se la devolvió (ya con el diente de la dignidad adentro), lo hizo con una encomienda:
 ̶ ¡Dile a mi hermana que cuide esto con su vida!
Veinte minutos mas tarde…
 ̶ Permiso
 ̶ ¿Qué?
 ̶ ¿Y cómo ustedes me garantizan que después que me duerman recordarán quien soy y lo que me van a hacer? ¿Y si se confunden y me sacan a mi la vesícula y se dan cuenta del error cuando le busquen a ella un lipoma en la espalda?
 La vecina de camilla explotó en carcajadas. Media hora más tarde todo era alegría entre el personal, el cirujano había llegado temprano (a las nueve) comenzarían en breve las cirugías. Y vuelve la escritora…
 ̶ Permiso
 ̶ ¿Qué?
 ̶ A mi los nervios me dan con orinar, necesito ir al baño.
No voy a especular lo que pensó la enfermera ni la cara que puso, pueden imaginárselo. Allá va la mujer a bajar a la escritora con todo el enjambre de suero, rumbo al baño… La verdad es que la escritora me contó que se portaron muy bien. Justo antes de irse a navegar en las nubes anestésicas alcanzó a murmurar:
 ̶ Soy Haydée, la operación es en la espada.
Sobra decir que apenas abrió un ojo y la anestesia le permitió hablar pidió la cajita azul…
 ¿Que aprendió la escritora de esta experiencia? Que no importa lo pequeño del procedimiento las salas de cirugía asustan e intimidan; no se debe tomar té verde luego de la operación, pues te hacen vomitar como fuente de plaza pública y, sobre todo, no te preocupes por los pantys, así te vayan a operar una oreja, ¡no te salvará nadie de estar con las nalgas al aire!
©Haydée Zayas

domingo, 26 de febrero de 2012

El Capitán Cordero y la Sandunguera Panchita

O... Lo que verdaderamente sucedió en un operativo policíaco en un barrio de Río Grande, Puerto Rico, cuando los agentes llevaron a un can especialista en olfatear y una perra en celo les estropeó la sorpresa.



̶ ¡Que no; que no es como lo cuenta el periódico! ̶ gritaba la Sandunguera Panchita, con una sonrisa canina que le restaba toda credibilidad a sus palabras.

̶ Positivo. La dama está correcta ̶ dijo con parquedad el capitán Cordero.

̶ Yo sé que la culpa es fea y nadie quiere cargar con ella, pero si la policía no se organiza es su problema. No fue que yo pasé por allí de coquetona-interrumpe-operativos. Una tiene sus atributos, sus atractivos; no se pueden controlar. ¿Qué quieren, que salga a la calle con una bolsa de papel puesta en la cabeza o en otras partes de mi hermoso cuerpo? No. Yo jamás dejaré de ser diva, de pasearme por mi vecindario y de saborear mi libertad.

̶ Positivo. La dama está correcta ̶ suspiró con resignación el capitán Cordero.

̶ Entiendo que el capitán tenga que trabajar. Puedo entender que haya que hacer operativos para controlar (ji, ji, ji) los puntos de droga. Que la policía tenga la responsabilidad de velar por que se cumpla con la ley e impere el orden (ji, ji, ji). Es más, los admiro por eso. Pero el trabajo es solo una parte de la vida; también hay que compartir, socializar, quererse, apapacharse, estrujarse y procrear; por aquello de que no se extinga la raza.

̶ Positivo. La dama está correcta ̶ expresó con entusiasmo el capitán Cordero.

̶ La responsabilidad de anticipar y tomar precauciones es de los agentes en dos patas. Antes de llevar a cabo un operativo sorpresa deberían anticipar cada detalle, considerar todos los posibles ángulos, prever los peores escenarios y tomar precauciones para todo ello. Yo no controlo mis ciclos hormonales; ni quiero disminuir mi atractivo de hembra. El capitán no controla sus hormonas ni sus impulsos pasionales; si los agentes en dos patas quieren controlar su conducta… que lo castren.

̶ NEGATIVO ̶ Gritó en pánico el capitán Cordero con el alma (y otras partes de su cuerpo menos celestiales) en un hilo ̶ ¡ARRESTEN A LA PERRA!

martes, 31 de enero de 2012

Just follow the Chiringas © Haydée Zayas


Andrew era un norteamericano nacido fuera de lugar. Le encantaba el arroz, las habichuelas, las mujeres de caderas anchas y bailar salsa. Consideraba el olor a cilantro y ají dulce en el cuello de una fémina lo más erótico del mundo. Lo enviaron a trabajar a Puerto Rico como castigo. Por irreverente y transgresor de las normas, o sea, excusas de su supervisor para deshacerse de ese gringo torcido. Nunca había estado en la Isla, pero sabía que hablaban español, se pagaba con dólares y eran ciudadanos americanos. Lo que para otros era un limbo confuso y sin sentido, a él se le antojó el paraíso.
Andrew vivía feliz. En teoría trabajaba de lunes a viernes, pero los jueves, con la disciplina de promesa hecha a algún santo, se agarraba una borrachera y los viernes sobrevivía como podía. El fin de semana era para conocer Puerto Rico, le encantaba el olor a mar en el Caribe. A veces se tendía al sol en alguna playita hasta quedar como camarón hervido.
El domingo de esta historia andaba recorriendo el Viejo San Juan; fascinado con el arcoíris sutil de edificios. Quiso perderse en los callejones, donde su mirada hurgaba entre las rendijas de las puertas y les robaba un pedazo de cotidianidad, para imaginarse tomando café en uno de esos patios interiores. Le preguntó a las primeras caderas abundantes que vio: ̶ ¿Dónde es el Morro? ̶ haciendo alarde de su español. ̶ ¿Dónde es?, será ¿dónde está el Morro? ̶ ripostó ella. Él era casi inmune al ridículo, así que su autoestima sintió apenas un pinchacito. Ella hablaba demasiado rápido para su bilingüismo cojo. Decía algo sobre derecha, izquierda, acera, cementerio… ̶ ¿Cementerio?, no, no, no cementerio no, Morro ̶ le aclaró entre risas. ̶ Yo sé, yo sé ̶ repetía ella a carcajadas. ̶ Sabe qué, ¿ve eso en el cielo? ̶ y señaló un bandada colorida que correteaba al antojo de la brisa. ̶ Just follow the chiringas, follow the chiringas y ruegue que no cambie el viento ̶ . Ya el gringo se alejaba cuando a María le apretó el “ay bandito” y se fue a acompañarlo. Con María supo lo que era la ruta turística de la carretera número uno de Caguas a Río Piedras, con ella vivió la palabra retozar y mucho antes de lo que le hubiera gustado, se le fue a justa. Le dio demasiada cabuya a ese cometa, y cuando fue momento de recoger, hacía rato que otro se la estaba volando.
Fue estrepitosa la caída. Cómo lloriqueaba recostado de la vellonera. No entendía las canciones, pero presentía que la música de tríos hablaba de desamor, de traiciones, de Marías. Un buen día lo sorprendió la noticia de que lo trasladaban a Miami. No quería irse de Puerto Rico. Andrés sintió entusiasmo por el cambio cuando recordó que en Miami, hay Marías de toda América Latina.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Decepción, frustración e impotencia… TEMPORARIA

PEPA ha estado peligrosamente silenciosa. Los últimos meses han sido intensos. Ha estado profundamente decepcionada. Esas son palabras mayores, pero así es.
El Cabrito Pinto ha sido la mayor decepción que le haya dado un ser humano. Y cuenta ella que no se refiere a decepción amorosa. Es decepción como ser humano (¡MEGA ouch!). ¡Resultó ser “pintura y capota na’má”! Y pintura de la barata, de la que se descascara de mirarla dos veces. PEPA no sabe si debe provocarle pena, lástima, asco, vergüenza ajena o solo indiferencia. Conociéndola, absoluta indiferencia. De hecho, tal vez PEPA se enoje conmigo (la escritora) por haberlo mencionado. No volverá a suceder. Prometido. Ojalá que si algún día coinciden en una finca neutra, se saluden con cortesía.

Pero esa no es su única decepción. ¿Cómo creen que se siente PEPA cuando le facturan $515 de luz, mientras el ex-Secretario de EdUcAcIóN hace “uso indebido” de la luz y debe $27,000? ¿Cuándo el alegado consumo es de $102 y el resto ($413) es de compra de combustible? ¿De dónde lo traen, de otro planeta? ¿Cuándo los Federales le regalaron dinero a los bancos para “salvar la economía”; los bancos lo repartieron en bonos de navidad y como quiera estrangulan a la clase media? ¿Cuando una de las primas Mae (Sallie, Penny, etc.) la llama el 23 de diciembre para cobrarle $130,000? (Ji, ji, ji, ji, ¿de dónde?) Y para ponerle el pedacito de coco al tembleque por encima… El nuevo promedio de crédito (credit score) de la humilde cabra es 666. ¿Cómo creen que se siente PEPA? Pues se siente DECEPCIONADA, FRUSTRADA, IMPOTENTE. Pero es temporal. La depresión colectiva que arropa a media humanidad se le pegó, como si fuera un resfriado. Pero como dice el personaje de TV. ¡FUERA CATARRO!

Como ven, ya PEPA está dictando otra vez. Se lo debe a si misma. Se lo debe a los cabritos de la familia que están creciendo y MINIMO, merecen un ambiente esperanzador y que quienes les rodean los ayuden a ser el mejor ser humano que cada uno de ellos pueda ser. ¿Qué cual fue la patada en el fondillo que sacó a PEPA del marasmo en que estaba? Ver la foto de alguien a quien quiere mucho con cinco meses de embarazo (¡se ve tan linda!) y pensar que no tenía derecho a contaminar con negativismo el mundo en que nacerá ese bebé.

¡FELICIDADES!

viernes, 30 de septiembre de 2011

A Joaquín (Ramón Martínez) Sabina

Mi tan querido Joaquín Ramón
Intentaré hacerte un tributo
utilizando tus propias palabras
“A la vuelta de la esquina
estaba una depresión esperándome”

Me la imaginé sentada en un banco,
silenciosa, derechita, muy propia.
Con el cabello al hombro.
Blusa blanca, radiante, planchada.
Falda a cuadros, encima de las rodillas,
en tonos rojos, naranja y marrón.
Las manos en su regazo y las piernas juntas.

No necesita mirar impaciente hacia la esquina
anticipando tú llegada, tal vez a la deriva.
Está segura de que tarde o temprano
alguna desgracia asomara su nariz a tus noches,
sabemos que duermes de día.
Y entonces ella se levantará,
se acomodará la falda, el cabello, la blusa
y caminará contigo, paso a paso,
callada, discreta, sumisa.

Siendo cómplice de tú historia atropellada,
llena de rasguños, úlceras y moretones;
de vaivén entre el exceso y las carencias.
Sabiéndote angustiado por las faltas de ortografía
con que escribes tu Ridiculum Vitae.
Mientras, ella, elegante, segura, paciente
lee tus oraciones magulladas
con ojos entrecerrados y sonrisa de Mona Lisa.

La vida son muchos bancos y muchas esquinas.
También te aguarda sentada Esperanza,
con los rizos al viento, muchas pulseras
un vestido verde, luciendo unas buenas piernas.
Joder, siempre te olvidas de ella,
tan solidaria, tan puntual, tan leal, tan amiga.
Te espera para darte un alivio,
concederte un espejismo de alegría
una razón, una excusa, una ilusión,
cualquier cosa, con tal de que te rías.

Dado que la acera de la vida es tan estrecha
no hay espacio para tres,
como no sea andando en fila india.
Lado a lado ni pensarlo,
esas dos no congenian ni armonizan.
Entonces Depresión se retira,
Refinada, cautelosa, altiva.
Y se sienta a esperarte, sin prisa,
a la vuelta de la próxima esquina.

©Haydée Zayas

martes, 30 de agosto de 2011

Culequera

Sinónimo de contentura en la República de Cañaboncito (Caguas, Puerto Rico). Así anda la escritora. Es que esta sociedad NO anónima de colaboración extrema, inaudita y solo comprensible para seres nobles de espíritu que hemos creado, le está rindiendo frutos. Sus amigos de Echando Lápiz le han dicho que adoran sus cuentos. Y los de LAIA (Latin American Intercultural Alliance) la han honrado con un reconocimiento. Para ella (la escritora) estas cosas validan lo que sabe hace tiempo: que su misión en esta vida es vivir del cuento, que nació para escribir y que tiene la gran fortuna de haber descubierto su pasión (hay gente que se muere sin adivinarlo). ¡Solo espero que me dé el debido crédito!
En principio eso de osar escribir lo que soñó el dinosaurio de Augusto Monterroso (Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.) me pareció un atrevimiento mayor. Pero según me leía el cuento, me imaginaba al dinosaurio con el corazón en la boca, teniendo un sueño futurista, y a Don Augusto sonriendo en el cielo de los escritores. Que dicho sea de paso, está lleno de estantes, repletos de libros con olor a guardados por una eternidad. La lectura de ejemplares digitales supone una visita de 957 años al purgatorio y al que agarren recitando la tabla del ocho lo envían expreso al infierno. ¡Ah, el paraíso!
Nada, que estoy contenta por ella. Por eso y por su empecinada determinación; que no importa lo que pase (o no pase), quien esté (o quien se haya ido), todo lo que gane (o lo que haya perdido) está decidida a ver el vaso tres cuartos lleno, no a considerar el vaso un cuarto vacío. ¡Bravo por ella, coño!
NOTA DE LA ESCRITORA: La PEPA me ayudó a ir a España, en Toledo descubrí mi pasión por la lectura, leer me llevó a escribir. Escribir es mi vida.
Gracias PEPA, de tacas de charol, collar de perlas, que tira pa’l monte si le apetece y con quien le agrade. Crítica rigurosa de mis escritos, solidaria y feminista “light”. ¡Te admiro PEPA!