Este es el blog de PEPA -la cabra-. Ella baleará sobre lo que le dé la gana y yo -la escritora- transcribiré. Los invito a acompañarla y seguirla porque... ¡Nunca se sabe con PEPA!
lunes, 5 de diciembre de 2016
Volver otra vez pa'tras de nuevo...
¿Les resulta redundante? Pues, así es la vida. Cuando creemos superadas algunas cosas, regresan para repasarnos la lección. Pero a veces, como ahora, regresan para divertirnos, compartir, balar, reírnos y chacharear. Sigo feminista, pero cada vez menos light. Los tiempos, las circunstancias, los atropellos, las desigualdades, las injusticias requieren de más firmeza. No se me asusten, seguiré guerrera, pero chistosa; mandona, pero dulce; firme, sabrosa...
Bueno, estoy de vuelta. A balar y a que la escritora transcriba. Que si sobreviví a ser vendida tres veces para que la muchachita que escribe fuera a estudiar a España, que me haya retirado de bloguera y vuelva, ¡no es nada!
sábado, 16 de febrero de 2013
¡Mudanza!
Como escribió la
poeta Nicole Cecilia Delgado: "Mudanza cansa". Desde septiembre no berreaba nada. Estaba
entoruná, enfunchá, enfogoná y cualquier otra palabra que termine con
"ná" y que sea sinónimo de enojo mayúsculo. ¡Por eso no dicté ná! Ahora
resulta que no tengo mi blog... que soy parte de Vivo del Cuento. Que poco a
poco mudan toda esa sabiduría que he dictado desde hace años. ¿Qué les digo? Es como tener una casa y, para
pasar menos trabajo, o como dice la escritora: "para maximizar tiempo,
esfuerzo y recursos" ahora me mudan a un cuartito.
Como que no tuve
mucha opción, así que entre mascada y mascada le dije que mudara el blog;
mientras, le pongo una curita a mi ego y tan pronto sane, ¡empiezo a dictar
otra vez!
En lo adelante, pueden visitarme en www.vivodelcuento.com.
lunes, 27 de agosto de 2012
Patas Pa’rriba
No soy Jacinta
Marín, así que no intentaré hacer un análisis político, PERO, ¿cómo eso de que
candidatos de partidos contrarios asuman la misma postura en el referendum para
quitarle derechos al pueblo? ¡Ni la
frase “son dos caras de la misma moneda ayuda”!
Sí son la misma moneda y la misma cara, solo que de diferente color
(bueno, seamos honestas, uno bastante feíto y soso; el otro guapetón y
calientito). Pero a fin de cuentas, lo
mismo.
¿Y que me dicen
del candidato (parecía tan centrado y con sentido común) que manda a la gente
en Puerto Rico a reproducirse para combatir la escases de profesionales que
emigran a Estados Unidos? Como allá la
cosa está mala, pero no TAN mala como aquí…
Focus, PEPA, focus: ¿Qué se fumó ese galanazo, color café con leche y de
cuerpo musculoso? Mandar a la gente a
tener hijos, ¿en serio?
¡Podría haber
considerado la idea de votar por él hasta que se metió con mis ovarios! Lo que falta es que haga un análisis de cómo vamos
a mantener a la avalancha de muchachos que nazcan. ¿Contando con asistencia nutricional, Plan 8,
TANF y otros, muchos otros, programas federales de asistencia a los menos
afortunados (hasta eso pongo en duda)? Y
qué me dicen de lo que hay que esperar para que crezcan y se hagan
profesionales…
En serio que esto
está patas pa’rriba. Antes los que no entendían
(entendíamos) mucho de política y los que no sabían leer, por el color del
partido tenían una idea de lo que proponían (prometían, inventaban, postulados,
mentiritas), ahora, ¿cómo los distinguimos? Ahí sí le doy un punto a Roge, él rápido
cambió el logo del partido, ahora el pueblo sabe cual es su postura…
lunes, 30 de julio de 2012
SOPA DE PIEDRA
Cuento celta
adaptado a la realidad Boricua
Llegó un día a Caguas una señora de tierras muy lejanas
(San Juan, Arecibo, Jayuya o algo así). Tenía
hambre y estaba más pelá que la rodilla de una cabra (con el debido respeto a
PEPA). Vio a unas personas pidiendo en
el semáforo de las Catalinas, así que decidió pedir ella también, de esa forma
reuniría lo suficiente para comprar el combo del día en Burguer King. Ni consideró la idea de comerse un pollito de
Popeyes. ¿Dónde se ha visto eso de un
fasfú al lado de un cementerio? ¡Pero, oh, cual sería su sorpresa, al ver a
otro pela’o irle pa’ encima! Esa luz era
de él, tenía que irse a otro sitio. Salió
corriendo, no fuera a ser que además de pelá la dejaran sin cabellera.
La siguiente luz la trabajaba una muchacha, o sea,
que ahí tampoco pudo pedir. Vagó sin
rumbo y casi sin energías hasta llegar a un barrio. Al menos esa fue la impresión que le dio, por
las lomas cubiertas de árboles, maleza y casas construidas sobre cuatro
palitos, o sea, vigas. Como no era de
Caguas, nunca supo si llegó a Río Cañas, Cañaboncito o el Sobaco.
Ahí se le prendió el bombillo. Recogió
una piedra, medianamente grande y la lavó en La quebrada llena de basura que,
más que correr por allí, se escurría a duras penas. Llamó a la primera casa
enrejada que vio, donde la atendió una señora con duvi. Le pidió prestada una olla para hacer una
sopa de piedras. Risas, risas, risas.
̶ ¡Joaco
la señora quiere hacer una sopa de piedra!
̶ gritó animada. Joaco, que estaba en la casa por el Fondo,
se había lastimado la espalda levantando unas cajitas en el trabajo, se
limitó a darle un OK con el pulgar izquierdo.
Al frente, en el terreno baldío hace tiempo que tenían el invento monta’o…
Antes de que nuestra buena
forastera abriera otra vez la boca, llegó Lola, con sus uñas postizas, tres
zanahorias y un paquete de caderas de pollo. Le siguió Cheo, quien
batalla con SSI para que lo pensionen a los 47 por los nervios; con tres papas
y un canto de jamón. Se acercó Papo, el
nene, que lleva buscando trabajo dos años, pero la cosa está mala… con un pote
de sal y cinco dientes de ajo. Luisa,
que cuida los nietos y no tiene vida con el lleva y trae a la escuela,
pero menos mal que ese día la maestra faltó… con una taza de arroz y 27
aceitunas. Carmen sacó una olla con el
culo pinta’o de negro, la puso sobre la parrilla que estaba encima de tres cantos de
bloques y le metió debajo unos varios pedazos de madera. Rafa arrastró una neverita, que tenía amarrado con hilo de anudar pasteles un abridor de botellas, hasta donde estaba
el grupo. Nunca sabremos quien de ellos
gritó ¡Ya era hora!
Llegó Piro a prender el fogón, trajo un galón de
agua, una cebolla y tres hojitas de laurel. Miró a la forastera a los ojos y dijo: ̶ Meeera, el cuentito ese de “Sopa de Piedra” lo
conocemos desde hace tiempo. Tira la
piedra, siéntate en aquella sillita y date dos o tres Medallas en lo que está la
sopa.
¡Y que con nosotros!
jueves, 31 de mayo de 2012
Tres cabras, un Sabio y un Idiota
“Una
vieja historia rusa habla de un campesino acosado por las dificultades y con
muchos hijos a su cargo...Tras repetidas sequías y prácticamente sin ningún
medio económico para salir adelante, pensó seriamente en quitarse la vida...
̶ ¡La vida es insoportable, no merece la pena vivirla, es insufrible! ̶ le contó al sabio de la montaña.
̶ Cómprate una cabra y llévala a vivir a tu casa. Hazlo como te digo y ven a verme la próxima semana ̶ le aconsejó el sabio.
Y al cabo de siete días, el campesino volvió:
̶ Ahora me va aún peor. La vida es más insoportable que antes. No me es posible vivir con una cabra.
̶ Cómprate entonces una segunda cabra ̶ le dijo el sabio ̶ Ten las dos en casa y ven a verme en una semana.
Y al cabo de aquella semana:
̶ Voy de mal en peor. Estoy más angustiado y más resentido que nunca. El ambiente se ha hecho irrespirable con las dos cabras. ¿Qué puedo hacer?
̶ Mete en tu propia casa una tercera cabra ̶ le respondió el sabio ̶ y ven a verme la semana que viene.
Y transcurrido ese tiempo el hombre volvió:
̶ Estoy desesperado. Esto no puede continuar así.
̶ Vende entonces una de las tres cabras ̶ le dijo el sabio ̶ y pasa a verme la próxima semana.
Y una semana después:
̶ Estamos mejor...Al menos un poco más aliviados.
̶ Sigue vendiendo ̶ le aconsejó el sabio ̶ De las dos cabras que te quedan, vende una y quédate sólo con la otra.
Y a la semana siguiente:
̶ Se lleva mejor vivir con una sola cabra ̶ le comentó.
̶ Entonces véndela y vuelve en siete días ̶ le respondió.
Y al cabo de siete días:
̶ ¡Qué felicidad y qué tranquilidad se respira en casa! Qué maravilla estar sin cabras. Qué gusto. Esto es vida.
Verdaderamente la vida es preciosa ̶ concluye la historia ̶ y no hay por qué hacer seis viajes a la montaña para darnos cuenta al final de que ya teníamos lo necesario, lo que tanto anhelábamos.”
̶ ¡La vida es insoportable, no merece la pena vivirla, es insufrible! ̶ le contó al sabio de la montaña.
̶ Cómprate una cabra y llévala a vivir a tu casa. Hazlo como te digo y ven a verme la próxima semana ̶ le aconsejó el sabio.
Y al cabo de siete días, el campesino volvió:
̶ Ahora me va aún peor. La vida es más insoportable que antes. No me es posible vivir con una cabra.
̶ Cómprate entonces una segunda cabra ̶ le dijo el sabio ̶ Ten las dos en casa y ven a verme en una semana.
Y al cabo de aquella semana:
̶ Voy de mal en peor. Estoy más angustiado y más resentido que nunca. El ambiente se ha hecho irrespirable con las dos cabras. ¿Qué puedo hacer?
̶ Mete en tu propia casa una tercera cabra ̶ le respondió el sabio ̶ y ven a verme la semana que viene.
Y transcurrido ese tiempo el hombre volvió:
̶ Estoy desesperado. Esto no puede continuar así.
̶ Vende entonces una de las tres cabras ̶ le dijo el sabio ̶ y pasa a verme la próxima semana.
Y una semana después:
̶ Estamos mejor...Al menos un poco más aliviados.
̶ Sigue vendiendo ̶ le aconsejó el sabio ̶ De las dos cabras que te quedan, vende una y quédate sólo con la otra.
Y a la semana siguiente:
̶ Se lleva mejor vivir con una sola cabra ̶ le comentó.
̶ Entonces véndela y vuelve en siete días ̶ le respondió.
Y al cabo de siete días:
̶ ¡Qué felicidad y qué tranquilidad se respira en casa! Qué maravilla estar sin cabras. Qué gusto. Esto es vida.
Verdaderamente la vida es preciosa ̶ concluye la historia ̶ y no hay por qué hacer seis viajes a la montaña para darnos cuenta al final de que ya teníamos lo necesario, lo que tanto anhelábamos.”
ACLARA
PEPA: que lo de Idiota no se refiere al protagonista de esta historia tan profunda
y llena de enseñanza. Se refiere al “individuo” que, según reportado en
Noticel, Sección “la calle” (http://www.noticel.com/seccion/4/la-calle), fue
arrestado por sacar a pasear tres cabras, APARENTEMENTE, sin pedirle permiso al
dueño de las mismas.
Re-escribió
la historia:
Tenía libertad; me quejaba, no soportaba la vida y era
infeliz. Saqué a pasear a tres
cabras. Me arrestaron y apresaron. Ahora valoro la libertad que perdí; me quejo,
no soporto la vida y sigo infeliz…
¿CUÁL ES LA MORALEJA AHORA?
martes, 24 de abril de 2012
De operaciones y otras changuerías…
Tuve mucho que mascar, digo que dictar, pero la que “vive del cuento” en las últimas semanas vivió de operación en operación. Y no estética, que pensándolo bien… una estiradita de nariz no le viene mal a nadie. Primero, otra operación en la boca; de las que duelen y asustan mucho. Pero de esas ha tenido tantas, que mejor ni hablar. La interesante fue la otra. Déjenme que les cuento:
Saltemos los pormenores de las anécdotas pre operatorio. Llega el día de la cirugía, seis de la mañana, ya saben: ayuno, susto, impaciencia. La escritora (ingenua) pensó que como la herida sería en la parte alta de espalda, pues, este… se puso unos pantys lindos, sexy, nuevos. JA, JA, JA. La instrucción fue contundente:
̶ ¡Te lo quitas todo! ̶ ordenó la enfermera (chiquita y flaca, pero en la mente de la escritora la mujer media 6’7” y pesaba 356 libras).
̶ ¿Hasta los pantys? ¿Pero por qué si la herida es acá arriba? ̶ Se quejó la escritora mientras señalaba un punto perdido en su espalda.
No valió de nada, se fue todo en una bolsa plástica transparente. Temblaba de frio (y miedo), así que la enfermera ENORME y ROBUSTA (chiquita y flaca) salió de sala de operaciones, fue a la sala de espera y le buscó la sabana que tuvo a bien llevarle la hermana de la escritora. La arropó con prisa, pero con ternura.
Pasaron unos 20 minutos y vuelve la escritora:
̶ Permiso
̶ ¿Qué?
̶ Yo estoy en proceso de hacerme el implante de un diente. ¿Me tengo que quitar el diente postizo?
̶ ¡Si, todo!
¡HORROR! Ni modo… Allá fue la enfermera a buscar la cajita azul a la sala de espera. Cuando la escritora se la devolvió (ya con el diente de la dignidad adentro), lo hizo con una encomienda:
̶ ¡Dile a mi hermana que cuide esto con su vida!
Veinte minutos mas tarde…
̶ Permiso
̶ ¿Qué?
̶ ¿Y cómo ustedes me garantizan que después que me duerman recordarán quien soy y lo que me van a hacer? ¿Y si se confunden y me sacan a mi la vesícula y se dan cuenta del error cuando le busquen a ella un lipoma en la espalda?
La vecina de camilla explotó en carcajadas. Media hora más tarde todo era alegría entre el personal, el cirujano había llegado temprano (a las nueve) comenzarían en breve las cirugías. Y vuelve la escritora…
̶ Permiso
̶ ¿Qué?
̶ A mi los nervios me dan con orinar, necesito ir al baño.
No voy a especular lo que pensó la enfermera ni la cara que puso, pueden imaginárselo. Allá va la mujer a bajar a la escritora con todo el enjambre de suero, rumbo al baño… La verdad es que la escritora me contó que se portaron muy bien. Justo antes de irse a navegar en las nubes anestésicas alcanzó a murmurar:
̶ Soy Haydée, la operación es en la espada.
Sobra decir que apenas abrió un ojo y la anestesia le permitió hablar pidió la cajita azul…
¿Que aprendió la escritora de esta experiencia? Que no importa lo pequeño del procedimiento las salas de cirugía asustan e intimidan; no se debe tomar té verde luego de la operación, pues te hacen vomitar como fuente de plaza pública y, sobre todo, no te preocupes por los pantys, así te vayan a operar una oreja, ¡no te salvará nadie de estar con las nalgas al aire!
©Haydée Zayas
Saltemos los pormenores de las anécdotas pre operatorio. Llega el día de la cirugía, seis de la mañana, ya saben: ayuno, susto, impaciencia. La escritora (ingenua) pensó que como la herida sería en la parte alta de espalda, pues, este… se puso unos pantys lindos, sexy, nuevos. JA, JA, JA. La instrucción fue contundente:
̶ ¡Te lo quitas todo! ̶ ordenó la enfermera (chiquita y flaca, pero en la mente de la escritora la mujer media 6’7” y pesaba 356 libras).
̶ ¿Hasta los pantys? ¿Pero por qué si la herida es acá arriba? ̶ Se quejó la escritora mientras señalaba un punto perdido en su espalda.
No valió de nada, se fue todo en una bolsa plástica transparente. Temblaba de frio (y miedo), así que la enfermera ENORME y ROBUSTA (chiquita y flaca) salió de sala de operaciones, fue a la sala de espera y le buscó la sabana que tuvo a bien llevarle la hermana de la escritora. La arropó con prisa, pero con ternura.
Pasaron unos 20 minutos y vuelve la escritora:
̶ Permiso
̶ ¿Qué?
̶ Yo estoy en proceso de hacerme el implante de un diente. ¿Me tengo que quitar el diente postizo?
̶ ¡Si, todo!
¡HORROR! Ni modo… Allá fue la enfermera a buscar la cajita azul a la sala de espera. Cuando la escritora se la devolvió (ya con el diente de la dignidad adentro), lo hizo con una encomienda:
̶ ¡Dile a mi hermana que cuide esto con su vida!
Veinte minutos mas tarde…
̶ Permiso
̶ ¿Qué?
̶ ¿Y cómo ustedes me garantizan que después que me duerman recordarán quien soy y lo que me van a hacer? ¿Y si se confunden y me sacan a mi la vesícula y se dan cuenta del error cuando le busquen a ella un lipoma en la espalda?
La vecina de camilla explotó en carcajadas. Media hora más tarde todo era alegría entre el personal, el cirujano había llegado temprano (a las nueve) comenzarían en breve las cirugías. Y vuelve la escritora…
̶ Permiso
̶ ¿Qué?
̶ A mi los nervios me dan con orinar, necesito ir al baño.
No voy a especular lo que pensó la enfermera ni la cara que puso, pueden imaginárselo. Allá va la mujer a bajar a la escritora con todo el enjambre de suero, rumbo al baño… La verdad es que la escritora me contó que se portaron muy bien. Justo antes de irse a navegar en las nubes anestésicas alcanzó a murmurar:
̶ Soy Haydée, la operación es en la espada.
Sobra decir que apenas abrió un ojo y la anestesia le permitió hablar pidió la cajita azul…
¿Que aprendió la escritora de esta experiencia? Que no importa lo pequeño del procedimiento las salas de cirugía asustan e intimidan; no se debe tomar té verde luego de la operación, pues te hacen vomitar como fuente de plaza pública y, sobre todo, no te preocupes por los pantys, así te vayan a operar una oreja, ¡no te salvará nadie de estar con las nalgas al aire!
©Haydée Zayas
domingo, 26 de febrero de 2012
El Capitán Cordero y la Sandunguera Panchita
O... Lo que verdaderamente sucedió en un operativo policíaco en un barrio de Río Grande, Puerto Rico, cuando los agentes llevaron a un can especialista en olfatear y una perra en celo les estropeó la sorpresa.
̶ ¡Que no; que no es como lo cuenta el periódico! ̶ gritaba la Sandunguera Panchita, con una sonrisa canina que le restaba toda credibilidad a sus palabras.
̶ Positivo. La dama está correcta ̶ dijo con parquedad el capitán Cordero.
̶ Yo sé que la culpa es fea y nadie quiere cargar con ella, pero si la policía no se organiza es su problema. No fue que yo pasé por allí de coquetona-interrumpe-operativos. Una tiene sus atributos, sus atractivos; no se pueden controlar. ¿Qué quieren, que salga a la calle con una bolsa de papel puesta en la cabeza o en otras partes de mi hermoso cuerpo? No. Yo jamás dejaré de ser diva, de pasearme por mi vecindario y de saborear mi libertad.
̶ Positivo. La dama está correcta ̶ suspiró con resignación el capitán Cordero.
̶ Entiendo que el capitán tenga que trabajar. Puedo entender que haya que hacer operativos para controlar (ji, ji, ji) los puntos de droga. Que la policía tenga la responsabilidad de velar por que se cumpla con la ley e impere el orden (ji, ji, ji). Es más, los admiro por eso. Pero el trabajo es solo una parte de la vida; también hay que compartir, socializar, quererse, apapacharse, estrujarse y procrear; por aquello de que no se extinga la raza.
̶ Positivo. La dama está correcta ̶ expresó con entusiasmo el capitán Cordero.
̶ La responsabilidad de anticipar y tomar precauciones es de los agentes en dos patas. Antes de llevar a cabo un operativo sorpresa deberían anticipar cada detalle, considerar todos los posibles ángulos, prever los peores escenarios y tomar precauciones para todo ello. Yo no controlo mis ciclos hormonales; ni quiero disminuir mi atractivo de hembra. El capitán no controla sus hormonas ni sus impulsos pasionales; si los agentes en dos patas quieren controlar su conducta… que lo castren.
̶ NEGATIVO ̶ Gritó en pánico el capitán Cordero con el alma (y otras partes de su cuerpo menos celestiales) en un hilo ̶ ¡ARRESTEN A LA PERRA!
̶ ¡Que no; que no es como lo cuenta el periódico! ̶ gritaba la Sandunguera Panchita, con una sonrisa canina que le restaba toda credibilidad a sus palabras.
̶ Positivo. La dama está correcta ̶ dijo con parquedad el capitán Cordero.
̶ Yo sé que la culpa es fea y nadie quiere cargar con ella, pero si la policía no se organiza es su problema. No fue que yo pasé por allí de coquetona-interrumpe-operativos. Una tiene sus atributos, sus atractivos; no se pueden controlar. ¿Qué quieren, que salga a la calle con una bolsa de papel puesta en la cabeza o en otras partes de mi hermoso cuerpo? No. Yo jamás dejaré de ser diva, de pasearme por mi vecindario y de saborear mi libertad.
̶ Positivo. La dama está correcta ̶ suspiró con resignación el capitán Cordero.
̶ Entiendo que el capitán tenga que trabajar. Puedo entender que haya que hacer operativos para controlar (ji, ji, ji) los puntos de droga. Que la policía tenga la responsabilidad de velar por que se cumpla con la ley e impere el orden (ji, ji, ji). Es más, los admiro por eso. Pero el trabajo es solo una parte de la vida; también hay que compartir, socializar, quererse, apapacharse, estrujarse y procrear; por aquello de que no se extinga la raza.
̶ Positivo. La dama está correcta ̶ expresó con entusiasmo el capitán Cordero.
̶ La responsabilidad de anticipar y tomar precauciones es de los agentes en dos patas. Antes de llevar a cabo un operativo sorpresa deberían anticipar cada detalle, considerar todos los posibles ángulos, prever los peores escenarios y tomar precauciones para todo ello. Yo no controlo mis ciclos hormonales; ni quiero disminuir mi atractivo de hembra. El capitán no controla sus hormonas ni sus impulsos pasionales; si los agentes en dos patas quieren controlar su conducta… que lo castren.
̶ NEGATIVO ̶ Gritó en pánico el capitán Cordero con el alma (y otras partes de su cuerpo menos celestiales) en un hilo ̶ ¡ARRESTEN A LA PERRA!
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